UN PARAGUAS COMO ARMA: PREVENCIÓN DE LA AGRESIÓN SEXUAL.

Woman with umbrella

La idea es convencer al agresor de que no vale la pena elegirla como víctima. Las personas que sufren una agresión sexual son las más intensamente victimizadas.

Por lo que es importante tratar de evitar y reducir al máximo este tipo de hechos que originan tanto daño en la propia persona que lo sufre y de otro lado en la sociedad.

Pero, ¿CUÁNDO ES AGRESIÓN SEXUAL?

– Cuando alguien toca tu cuerpo sin tu consentimiento.
– Cuando consientes una relación con alguien, pero esa persona se sobrepasa en relación a lo que tú quieres (en intencionalidad, uso de poder o fuerza…)
– Cuando alguien NO respete tu negativa a determinada práctica sexual.

Vamos por tanto a fijar estrategias para evitar esos riesgos conociendo todo lo que compone este tipo de delitos. Partimos de la idea de que las precauciones y restricciones que se enseña a las niñas desde pequeñas podrían ser diferentes a las de los niños. A éstas se les insiste más en no hablar con desconocidos, en ir siempre acompañadas, que la noche es muy peligrosa y que las personas “extrañas”, fuera de su entorno familiar, son peligrosas. Dichas pautas de socialización no suponen otra cosa que asumir de algún modo un rol pasivo de defensa. De aquí nacen falsos mitos, a saber: las mujeres violadas lo son por personas desconocidas, en lugares oscuros y poco transitados; a los agresores se les reconoce por su aspecto físico y las agresiones sexuales solo son ejecutadas por individuos de clase baja o marginal. Pues no, la realidad es bien diferente.

Lo verdaderamente cierto es que en la mitad de las ocasiones la víctima conoce al agresor, además, dichas agresiones suelen ocurrir en lugares habitualmente frecuentados por la víctima y los agresores pasan totalmente desapercibidos como personas “normales” pertenecientes a todas las clases, edades y sexos.

De nuevo en este tipo de delitos nos encontramos con que los agresores son “vagos” y van a elegir a aquellas personas que perciben como “fáciles”, que no les den problemas. Por lo tanto si actúas de manera sorpresiva e inesperada para el agresor contribuyes a su desistimiento, ¿CÓMO?

- Activa tu intuición. Estate atent@ a lo que pasa detrás de ti, a tu alrededor. Si ves algo fuera de lo normal, no lo ignores. Es mejor que te equivoques a que realmente se produzca la    agresión.
Si piensas que alguien te sigue acude a un lugar público. En un lugar con gente le será más difícil actuar.
– Si te llevan o acompañan a casa llama al telefonillo aunque no haya nadie y pídeles que se esperen a que entres en el portal. Los rellanos de los edificios suelen ser un lugar escogido  por el agresor, aprovechando huecos de escalera y zonas con recovecos.
Un paraguas (y otros objetos) puede ser utilizado como un arma de defensa. Un agresor antes de elegirte valorará que puedes utilizar dichos objetos como arma contra él.  Por lo que no le interesarás. Las llaves no suelen intimidar pues es necesario un gran acercamiento con el agresor para ser utilizadas como arma.
Grita ¡FUEGO! En cualquier situación de peligro, en el caso que tenga que gritar, grite siempre ‘¡FUEGO! ¡FUEGO!’ Acudirán curiosos (en su mayoría). En el caso que su grito sea’  ¡Socorro!’ la mayoría de las personas no acudiría por miedo.
- Critica y denuncia, siempre que puedas, las continúas agresiones sexuales que aparecen en la tele, en las revistas, en la pornografía, como si fuera algo normal. Así los agresores no  saldrán reforzados de su conducta.
Existen algunos cursos de auto-defensa personal para aprender a defenderte con habilidad a las agresiones sexuales y librarte de ellas con ingenio y sin violencia.

¡¡¡CUIDADO!!!

Saber que las agresiones sexuales se pueden dar en tu entorno más cercano no tiene porque hacer que vivas con un miedo excesivo. Has de saber que en relación con los demás delitos las agresiones sexuales se dan con poca frecuencia. Pero:

Aprende a distinguir, entre la caricia y el manoseo, el humor y la agresión, hacer lo que tú quieres y satisfacer los deseos ajenos.
Tolerancia cero: ser firme en la denuncia pública de toda agresión.
– Solidarizarte con los demás en la lucha constante por eliminar cualquier agresión (por pequeña que te parezca).
Sal donde quieras y cuando lo desees. Elije las circunstancias que más te favorezcan.

Laura Gómez

Criminóloga de IPJ Científica


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