Agresión sexual y trastorno por estrés postraumático

Stress

Las consecuencias tanto físicas como psicológicas de una agresión sexual pueden ser múltiples y diversas; de hecho, la mayoría de los autores coinciden en considerar a las personas que sufren agresión sexual como las más intensamente victimizadas. Aunque hay factores que influyen en el posterior ajuste de la víctima (empleo de armas, grado de violencia, si conocía o no al delincuente, el funcionamiento previo de la persona, el apoyo social con el que cuente), la violación constituye uno de los delitos potencialmente más traumatizantes y es capaz de generar, en un alto porcentaje de casos, lesiones y secuelas físicas y psicológicas importantes. En este sentido las víctimas que conocen al agresor experimentan mayores y más intensos síntomas.

Una de las lesiones psicológicas más frecuentes es el TEP (Trastorno de Estrés Postraumático). Los profesores Echeburúa, De Corral y Amor, llevaron a cabo un estudio en 352 pacientes afectados por diversos traumas psicológicos (agresión sexual, violencia familiar, terrorismo, accidentes de coche y diagnóstico de enfermedad grave) que acudieron entre 1991 y 1997 a diferentes Centros de Asistencia Psicológica y Centros de Salud Mental ubicados en el País Vasco. Encontraron que más del 50% de las víctimas de agresión sexual, violencia familiar y terrorismo presentaban un trastorno de estrés postraumático.

¿Qué es el Trastorno de Estrés postraumático?
Se caracteriza, en víctimas de agresión sexual, por la re-experimentación del suceso de forma incontrolada a través de recuerdos intrusivos, pesadillas o flashbacks. Por ejemplo, si la víctima se encuentra ante un algo que trae a su recuerdo la agresión sexual que sufrió (Por ejemplo: un hombre con similar apariencia al agresor, un lugar u objeto concreto, un sonido, etc.) podrá sufrir sintomatología similar a la experimentada durante la violación, esto es, taquicardias, sudores y pánico… Los flashback también pueden presentarse durante sus relaciones sexuales, por lo que es posible que aparezcan problemas sexuales y de pareja. Otro de los síntomas característicos es la evitación fóbica; la víctima evita las situaciones que concurrieron cuando fue agredida por temor a la reexperimentación a la que hacíamos referencia anteriormente. Poco a poco puede ir viendo limitada su vida y su independencia (miedo a salir sola por la calle, a ir al trabajo, o realizar otras actividades). Por último, es característico encontrar alteraciones del sueño, especialmente si fue agredida en su propia cama.

¿Puedo superar una agresión sexual?
Si. A pesar de la gravedad de la sintomatología que puede aparecer, la agresión sexual es una experiencia superable. Hoy día disponemos de eficaces tratamientos psicológicos que pueden ayudar a la víctima a afrontar con éxito su personal proceso de victimización y recuperarse. El primer paso es aceptar lo ocurrido, romper el silencio y solicitar ayuda.

“Ante la presencia de los síntomas que hemos detallado es muy importante que acuda a recibir asistencia profesional”

Si eres familiar recuerda: No le culpes, trata de comprenderle y respeta su ritmo, permite su dolor y no le interrogues y pidas detalles de la agresión que no quiera dar. Ayúdale a tomar la decisión de denunciar y recomiéndale que solicite ayuda especializada.

Si has sufrido una agresión sexual recuerda: No es culpa tuya y no está justificada en ningún caso. Rompe el silencio. No estás solo. Podemos ayudarte.

Susana Laguna
Psicólogo Forense IPJ


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